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LIBERAR EL RESENTIMIENTO CON MAMÁ

Liberar el resentimiento con mamá es indispensable por salud física y emocional. No se trata de dejar de reconocer, olvidar o justificar el daño recibido. Es liberar el dolor y que las heridas no sigan interfiriendo con nuestro desarrollo.

Tenemos que cortar las cadenas de sufrimiento familiar que se repite con nosotros y nuestros propios hijos. Quizá mañana seamos nosotros quienes estemos esperando su comprensión y perdón.

Sino por el afecto recibido, por el Don de la vida que nos han dado, muchas madres merecen una oportunidad, pero, especialmente, por nosotros, para soltarnos de ataduras que nos llenan de tristeza, culpa, enojo, inseguridad y baja autoestima, sentimientos que nos impiden progresar.

A continuación 14 pasos, tomados de los expertos en el tema y de mi experiencia personal y clínica, que nos pueden ayudar a liberar el resentimiento y a mejorar la relación con mamá.

1. Reconoce que has sido herido.

Si no reconoces el dolor no hay forma de sanarlo. Si tu relación de hoy con mamá es conflictiva, hay en tu interior un niño o niña herida, aunque te digas que entiendes a tu madre y que su trato es pasado.

Ante las actitudes de mamá, ve más allá de tu enojo e identifica los verdaderos sentimientos que ella despierta en ti; de desamor, abandono, humillación, decepción, tristeza, inseguridad, etc.

Reconoce la falta, admite que fuiste o sigues siendo víctima de maltrato, acéptalo y, como si fuese un duelo, permite que salgan todos estos sentimientos, exprésalos, lo que sea que sientas está bien. Es de gran ayuda escribirle una carta o varias, hablar con ella o a una representación de ella (una foto, una muñeca). Busque ayuda profesional si lo requiere.

2. Perdónate tu primero

En la niñez tendemos a culparnos del daño que otros nos hacen. Hay algo malo en mí o algo malo he hecho para merecer el maltrato. Estos pensamientos se mantienen de adulto y la culpa nos lleva a aceptar nuevos maltratos. Si no sentiste que tu mamá te quisiera o te tratara con el amor que todo hijo merece, sin importar tu comportamiento, el problema fue de ella, no tuyo. Deja de condenarte y empieza tratarte con mucho amor. Identifica las frases negativas que te dices día a día y cámbialas por frases de autovaloración.

3. No te fuerces

Nadie te puede obligar a perdonar, es una decisión tuya. Requiere un trabajo y un compromiso personal. No es algo de un día, es un proceso no lineal, vas a tener retrocesos, ten paciencia contigo mismo y no te fuerces. Llegará el día en que asumirás que no puedes cambiar el pasado, pero sí mirar el futuro con amor, con optimismo e ilusión.

4. Acepta lo que fue.

Acepta las situaciones que te hicieron daño y deja de desear que hubieran sido de otra manera. Esas mismas circunstancias también formaron mucho de tus grandes cualidades. Podemos trascender las situaciones más adversas y salir adelante fortalecidos y aún mejor que otros en buenas condiciones. Aferrarte a la lástima y al sufrimiento por lo que te pasó o por lo que no tuviste, no te a ayuda a construir un mejor futuro.

5. Deja de esperar que mamá te pida perdón.

Probablemente nunca lo haga, porque no tiene conciencia de que te hizo daño, porque escogió olvidarlo, como si no hubiera pasado, para evitar el dolor, o, simplemente, es incapaz de pedir perdón. Aun así, decide por tu parte liberar el resentimiento que te ata a ella, de lo contrario nunca podrás volar.

6. Deja de esperar el amor y la aceptación de tu madre.

No lo necesitas. Aunque nunca lo tuvieras no es requisito para que salgas adelante y tengas una buena vida. Lo que sí necesitas es amarte y aceptarte tú mismo. Escucha y consuela a tu niño o niña herida y dile que a partir de ahora tú lo vas a aceptar y amar como nunca lo hicieron, sin importar sus defectos y limitaciones.

7. Deja de esperar que tu mamá cambie.

Igual que quisieras que ella te acepte, acéptala como ella es, aunque te duela, no está en tus manos cambiarla. No le compliques más la vida con tus regaños pues, como dice el dicho: “hay veces en que lo único que podemos hacer por un ser querido, es seguirlo queriendo”.

No te culpes por su infelicidad, ella tomó sus decisiones de vida, igual que usted está tomando las tuyas. No trates de hacerte cargo de hacerla feliz, solo ella puede hacerlo. Concédete permiso para tu propio bienestar y felicidad.

8. No caigas en la trampa del castigo.

Puede que inconscientemente no quieras sanar y estar bien como una forma de castigar a tu madre. Piensas que si usted es feliz y exitosa/o la liberas a ella de la culpa: “total no lo hice tan mal” y esto te da mucha rabia.

Piensa que estás sacrificando tu vida y la de tus hijos con tal de impedir la felicidad de tu madre y eso no tiene sentido. Suelta esa cadena, ya tu madre es bastante infeliz seguramente. Sal adelante por ti sin importar lo que sienta ella.

9. Conoce la historia de tu madre.

Ninguna mujer con su bebé en el vientre quiere ser una mala madre. Antes que madres son seres humanos, con defectos, que se equivocan, que sufren, a su vez violentadas por sus mismas madres o parejas, con tanto miedo o más que nosotros. Nadie es cruel por naturaleza; o se hereda o se aprende a punta de ser tratado con crueldad. Mucho de su conducta fue aprendida o se debió a enfermedades mentales, algunas de ellas nunca diagnosticadas o atendidas. Escuchar cómo fue su infancia te puede dar entendimiento e ir despertando un sentimiento de compasión.

10. Tome la decisión de perdonar a su mamá, aunque no quieras.

Es posible que no queramos perdonarla, porque creemos que no lo merece y porque dejar de culparla nos obliga a asumir la responsabilidad de nuestra vida. Es usted quién merece perdonar y, a pesar del temor, verá que es mucho más gratificante trabajar para dejar atrás las vivencias y limitaciones del pasado, que seguir culpando a mamá. Aferrarse al resentimiento solo nos va a hacer infelices.

11. Quítele de encima a mamá las culpas de todo lo que te pasa.

Aunque hubieras tenido la mejor madre, hoy estarías luchando con muchos de tus problemas. En gran parte, mamá solo no supo cómo manejarlos pues no es terapeuta y tenía a su vez un montón de conflictos. En su intento por corregirnos nos señaló, nos desaprobó y nos castigó una y otra vez, y llegamos a convencernos que ella ocasionó nuestros problemas, cuando lo cierto es que ya los traíamos, porque no somos páginas en blanco al nacer.

12. Recuerda los momentos placenteros.

Mamá no todo el tiempo fue “mala”, ni en todos los aspectos. Trata de recordar los momentos placenteros en que haya sido buena contigo, haga una lista de los aspectos en que fue y es una buena madre, sus preocupaciones, sus cuidados. Cada vez que tu mente traiga el recuerdo de una madre abusiva, cambia de pensamiento y dirígete a estos aspectos. Esto te ayudará a vivir el presente con menos dolor y a ir suavizando tu relación con ella.

13. Asume tu responsabilidad en la relación conflictiva que han creado.

Sin en el ánimo de culparte o castigarte, sino de reconocer tu responsabilidad y, por tanto, la posibilidad de hacer un cambio de tu parte, observa si la forma en que has tratado a tu madre hasta hoy ha fomentado su resentimiento y su comportamiento contigo. Con frecuencia decimos “a mi hermano lo trata diferente”, sin tomar en cuenta que también tu hermano la trata muy distinto a ti.

14. Toma la iniciativa para restablecer el vínculo

Aunque en casos extremos de agresión podría ser necesario cortar la relación con la madre, para la mayoría ésta puede ser una solución devastadora emocionalmente. Sin perdón, lo único que logra es agregar más culpa y sufrimiento.

Cuando te hayas liberado del dolor y del resentimiento podrás tomar la decisión correcta sobre qué tan cerca quieres mantener la relación con tu madre. Si te sientes listo para reestablecer la relación, toma la iniciativa. Empieza a hacer gestos, aunque sean pequeños, sin esperar nada a cambio, que le digan que quieres un acercamiento. Llámala, búscala, hagan cosas juntos, busca puntos de coincidencia, complácela con algo que sabes que le gusta. Deja que te explique sus razones, pídele perdón si sientes que debes hacerlo por algo.

Haga una lista de las palabras o conductas de ella que te sacan de quicio y prepara formas de responder diferente, dispóngase a tenerle más paciencia, póngale pensamientos positivos a las cosas desagradables que te dice. Cuando sea el momento, cuando puedas y lo sientas, dile que la amas y la perdonas, es quizás, lo que más necesita escuchar.

Toma en cuenta que este es un proceso que muchas veces no se puede llevar solo. No dudes en buscar ayuda profesional si la necesitas. Esto no es un signo de debilidad, sino de amor y de sabiduría.

Autora: Martha Vargas Piedra, Acupunturista y Terapeuta Floral, brinda atención en el centro de salud natural ACUFLORES, en la Florida de Tibás.

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